ENTREVISTAS SOBRE EL LIBRO EL SEDAL DEL OLVIDO
(24-IX-2017)
-Un escritor que en la narrativa ha logrado conseguir un considerable éxito, tanto de crítica como de público, cómo es que cambia de registro y se adentra en el género poético.
-La verdad es que me ha costado decidirme. Yo me inicié en esto de la literatura desde muy joven precisamente con la poesía, un género que no he dejado de cultivar nunca. Lo que ocurre es que, contrariamente a lo que pueda parecer, hacer poesía, al menos una poesía con mayúsculas, algo que siempre se intenta conseguir, es muy difícil. Yo me encontraba muy cómodo en la narrativa, un género que da mucho trabajo pero en el que piso firme y sin cortapisas; principalmente porque es un género en el que, aunque siempre pueda tener algo de autobiográfico, nunca te desnudas del todo. Con la poesía, sí. De ahí esa indecisión a la hora de dar este salto cualitativo.
-Ahora hay una proliferación editorial enorme; continuamente aparecen libros de poesía, ¿a qué cree que se debe?
-Tiene mucha razón. Llega tal cantidad de información que al lector le es muy difícil discriminar a la hora de tomar una elección. La poesía es un género que está al alcance de cualquiera con ciertas pretensiones literarias, pero no se trata de agarrar un papel y un lápiz y comenzar a poner ocurrencias o frases más o menos ingeniosas. A veces incluso procacidades más o menos epatantes, permítame el galicismo. La poesía no se debe concebir para causar asombro, o como si fuera un mero desahogo, sino que debe surgir de la cultura y de las lecturas. Al menos, debe surgir y asentarse sobre esa base. Y luego, con cada poeta tomará su camino, en cuanto a temática, estilo y demás. Es más se puede hacer buena poesía hasta renegando de la tradición, pero nunca si no se hace a la sombra de un sólido bagaje cultural.
-¿Cómo entiende la poesía, su poesía?
-La poesía y más en concreto el poema hay que elaborarlo desde la emoción, si no lleva este componente fundamental puede quedarse en un simple ejercicio lingüístico, cuando no matemático. Es decir, cualquiera puede hacer unos versos aceptables con oficio, pero solo con eso no se hace buena poesía. La emoción es básica en mi poesía y como dice una definición clásica, con la que no puedo estar más de acuerdo, la poesía, y su lenguaje, es la expresión más elevada de los sentimientos.
-¿Cómo consigue trasladar esa emoción al papel?
-El poema debe surgir como consecuencia de un proceso donde se aúnen lo irracional, los sentimientos emocionales, y lo racional, aquello que viene de la experiencia y de la sabiduría. Mis poemas, casi siempre provienen de mis propias vivencias. Yo soy un poeta que escribe poesía mirándose siempre a sí mismo, hacia el interior, con lo cual nunca falta ese componente emotivo que se asocia a la propia experiencia vital. Nunca busco en otras vidas. Sin embargo, en mi obra narrativa la mirada siempre es hacia afuera, siempre se nutre de lo que acontece a su alrededor.
-Entonces, cómo surge el poema ¿Qué proceso tiene lugar para que llegue al papel?
-No siempre es igual, pero en El sedal del olvido, un libro muy pensado y muy estructurado al que he dedicado varios años, el poema surge, y vuelvo a recalcarlo, siempre desde la emoción. Yo no entiendo ninguna expresión artística que no provenga desde la emoción y, en especial, la poesía. Mis poemas suelen surgir de mi propia vida, de mis propias experiencias, asociadas a mi carga cultural. A veces tengo pulsiones internas, que son como reflejos involuntarios del inconsciente que me llevan hacia el poema. En otras ocasiones, buceo en la consciencia de los recuerdos y luego, claro está, hay que tener la perspicacia de dirimir entre ellos para no escoger los que te puedan interesar a ti-que pueden no interesar a nadie más- sino para elegir aquellos que el lector, desde su propia experiencia de la vida, pueda hacer suyos. Cuando lo consigues, cuando el lector se ve concernido en los versos que lee, cuando se implica emocionalmente, la poesía se universaliza, adquiere la capacidad de traspasar sensibilidades, ideologías, culturas y fronteras. Así vemos, como el poeta desde un acontecimiento familiar o cotidiano, incluso aparentemente anodino, trasciende lo personal. Es entonces cuando el poema adquiere otro vuelo y otra dimensión, cuando estamos ante un buen poema.
-¿Con su poesía qué pretende explicar? ¿Qué nos quiere decir?
-Con mi poesía intento trasladar al lector mi visión de la vida, más que del mundo, para quizás ayudarle a comprender mejor las pruebas a las que nos somete esta y las vicisitudes por las que atravesamos. En definitiva, espero que el lector se pueda reconocer, a través de sí mismo, en esa sucesión de pequeños autorretratos que hay en mi poesía.
-¿Qué huella le gustaría que dejara El sedal del olvido en los futuros lectores?
-Sería un poco pretencioso y petulante por mi parte pensar en dejar huella, pero si quisiera, sin embargo, que el libro, al menos alguno de sus poemas, permaneciera en la memoria del lector. No quisiera que fuera uno de esos libros de los que no nos volvemos a acordar nunca, una vez los hemos terminado. No quisiera que cayese en el olvido de quienes se acerquen a él. Es más, me gustaría que con alguno de mis versos, se pudiera conseguir una falacia, cual es detener el tiempo como para, como Goethe, poder decir: Detente un instante, eres tan bello. Eso es imposible pero sí aspiro a retener algo de su belleza en el corazón del lector. Conseguir que el lector vaya más allá de las palabras, más allá de su estricta literalidad, para que se adentre en su misterio, en ese milagro que es la palabra poética.
-¿Por qué y cómo ha perfilado El sedal del olvido?
-El sedal del olvido responde a una necesidad interior de expresarme, a una pulsión que me ha llevado a concebir poemas durante los últimos cinco años con un objetivo claro y meditado: unir en ellos mis recuerdos, los que poseo de aquellos que me precedieron y me acompañaron en la vida, con los de los que aún me acompañan y con los de los que me sucederán. Los poemas que conforman la obra han sido como cuentas sueltas que he ido añadiendo a un sedal hasta formar el collar con el que intento unir a los miembros de las diferentes generaciones que han significado algo en mi vida. Es un poco como el mapa de mis sentimientos, reflejado en los recuerdos que estos me suscitan. El sedal del olvido emerge como un grito hondo y sereno contra la indiferencia en que nos sitúa el tiempo.
-Si tuviera que definir de alguna manera la poesía de El sedal del olvido, ¿qué nos diría de ella?
-Lo primero y fundamental que tendría que decir, es que quiero hacer una poesía que llegue al lector sin la dificultad añadida de un lenguaje y de una intención críptica e indescifrable. Si la poesía no se entiende, siempre es culpa del poeta. Yo no quiero que mi poesía aparezca como un ornamento inútil, aunque pudiera parecerlo; intento hacer una poesía precisa, sin concesiones lingüísticas ni alharacas festivas, donde no falte ni sobre una palabra, una poesía que de alguna manera enlace con la tradición, aunque con una mirada muy personal. Una poesía en la que uso la cadencia silábica como contención, para no dejarme arrastrar hacia la prosa poética. Una poesía con una pulsión rítmica que consiga que el poema llegue al lector con el sonido de la buena poesía. En el libro, podemos encontrar metros clásicos, como el soneto, el romance, las décimas o los tercetos encadenados conviviendo con muchas composiciones de verso libre, lo que dice mucho de mi visión ecléctica del lenguaje poético. En cualquier caso y en resumidas cuentas, tal y como digo en el prólogo, aspiro a hacer una poesía sin artificios, que acuda al papel de una manera comprensible, limpia y diáfana, para que llegue al hipotético lector desde la sinceridad.
-¿Por qué da usted tanto valor a la emoción y a la sinceridad en su poesía?
-Porque quiero que mi poesía destile verdad. Desde la proximidad que imprime la verdad espero ser capaz de conmover y de emocionar al lector, pero sin estridencias fatuas. No quiero hacer solo un poema correctamente construido, quiero dar un paso más y encontrar la complicidad del lector para que luego este, desde su propia experiencia, desde sus vivencias, haga sus propios descubrimientos. Y eso solo lo consigo desde la sinceridad más desnuda, la que emana de mi yo más íntimo.
-¿Qué temas aborda en los poemas que conforman el libro?
-Siempre intento buscar esos temas que desde Homero ya conmovían al hombre, el paso del tiempo, el milagro de un amanecer, la infancia como vehículo de conocimiento interior… Son temas universales y muy manidos, además de tópicos, pero que con la experiencia de cada uno, en este caso mi propia vida, hace que adquieran una impronta especial, ese vuelo personal que lo hace diferente al resto. Luego, claro está, confío en mi propia habilidad para atrapar al lector. Si lo consigo, estamos ante un buen poema y espero que alguno lo sea.
(27-IX-2017)
-Sus vínculos con el Ayuntamiento de Riotuerto y, en especial, con La Cavada siempre dice usted que han marcado su trayectoria vital. ¿Por qué es tan importante esta unión a la tierra de sus antepasados?
-Para mí, La Cavada es la fuerte raíz que me ata al mundo. Es el polvo, la tierra y la luz de un pueblo que uno lleva adherido a sus entrañas. Es muy fácil de entender y muy difícil de explicar, como siempre que se apela a los sentimientos más profundos. Todos tenemos esas sensaciones intangibles de la infancia y de la tierra tan arraigadas, tan prendidas en el corazón, que jamás las olvidamos, por mucho que llueva sobre ellas. Las emociones que nos transmite la tierra, la de cada cual, aquella pequeña porción del planeta a la que nos sentimos unidos por un sentimiento hondo y profundo, jamás se despega de nuestra mente. Los que hemos vivido fuera por el devenir de la vida, la recordamos desde la distancia y la engrandecemos con un recuerdo empañado por la nostalgia. Y alguno de los poemas del libro vuelca la mirada precisamente sobre esos sentimientos y sobre ese lugar preciso del mundo que constituye nuestra esencia primigenia, sobre ese lugar concreto de nuestro mapa sentimental, sobre el trozuco de hierba que pisamos de críos para ir a la escuela, sobre las callejuelas embarradas por las que corrimos, sobre la risa de nuestra madre, sobre el murmullo agudo de los hermanos... No es más que la verdad del hombre, una verdad unida al polvo, la tierra y la luz de un pequeño lugar del mundo, el nuestro. En mi caso, La Cavada.
-¿Qué le ha llevado a inspirarse para hacer los versos de El sedal del olvido?
-Sin duda, la nostalgia es una fuente de inspiración universal. Añorar el pasado, para los que peinamos canas, es algo recurrente. Mirar atrás, hacia la infancia, hacia los paisajes que conforman mi mapa sentimental e intentar unir en los poemas el recuerdo de las generaciones que han pasado por mi vida, familia y amigos, ha sido la principal fuente de inspiración a la hora de hacer los poemas. Todo aquello que se ha perdido me sirve para hacer versos; desde la juventud hasta la muerte. A veces hasta las sucesivas muertes de todas las proyecciones que hemos venido siendo a lo largo de nuestras vidas. Este libro bien pudiera ser una sucesión de epitafios.
-Para usted, ¿qué es la poesía?
-La poesía, pese a hacerse con palabras, es el arte de ir más allá de ellas, de huir de su estricta literalidad para adentrarnos en su misterio. Al fin, a través de ella nos exploramos en ese vano afán por conocernos mejor, por querer iluminar el mundo desde el conocimiento del hombre.
-Y su poesía, cómo la describiría
-Mi poesía está concebida desde la emoción. Es más, yo soy de los que creo que si no lleva este componente fundamental, la palabra poética puede quedarse en un simple y mero ejercicio lingüístico, cuando no matemático. Es decir, para hacer unos versos pasables no es necesario más que cierto oficio, pero solo con eso no se hace buena poesía. La emoción es básica en mi poesía. Mis poemas, además, casi siempre provienen de mis propias vivencias. Yo soy un poeta que escribe poesía mirándose siempre a sí mismo, hacia el interior, con lo cual nunca falta ese componente emotivo que se asocia a la propia experiencia vital. Nunca busco en otras vidas. Sin embargo, en mis novelas la mirada siempre es hacia afuera, siempre se nutre de lo que se mueve alrededor de esa atalaya en la que nos situamos los observadores de la vida. Espero que la curiosidad no me mate, como al gato.
(31-5-2018)
-Después del éxito logrado con sus dos primeras novelas, Ana en el mes de julio y Querida princesa, cómo está viviendo la cálida acogida que ha tenido con su libro de poesía El sedal del olvido
-La verdad es que con mucha satisfacción. Cuando uno de tus nuevos libros ve la luz, siempre te asalta cierta inquietud e incertidumbre que hasta que no ves la respuesta de los lectores es imposible desprenderse de ellas. El sedal del olvido está llegando a sitios y lugares insospechados y ha generado una ola de opiniones y reacciones favorables que me están haciendo disfrutar como pocas veces lo había hecho. A raíz de la publicación del libro se han sucedido las críticas elogiosas en diversos medios así como la inclusión de alguno de mis poemas en revistas literarias de prestigio. No obstante, lo que más emoción te produce son las opiniones de los lectores; siempre me asombra que pueda haber tanta gente, a las mayoría de las cuales apenas conoces, o desconoces absolutamente, que puedan estar interesados por lo que escribes. Para un escritor es un tesoro de valor inapreciable.
-Usted siempre incide en esa relación con el lector, ¿por qué la considera tan importante?
-Uno escribe para ser leído; en ese sentido no existe otro objetivo para un escritor que llegar al mayor número de gente posible y cuidar a cada lector como si no hubiera otro en el mundo, como a un cómplice que tiene la generosidad, ni más ni menos, de decirte que disfruta con lo que le ofreces a través de la única herramienta que manejamos los escritores, de la palabra. Esa relación con el lector y, en especial con el lector de poesía, es emocional y directa. La poesía, como me gusta decir a menudo, teje un hilo invisible por el que nos acercamos al lector, un hilo por el que nos ponemos en comunicación con él y que une, además, a todos los que amamos la palabra precisa y la cultura.
-Usted que ya ha tenido oportunidad de estar en Ferias, impartir conferencias, llenar grandes auditorios y, en definitiva, de disfrutar del calor de los lectores en diferentes puntos de España, ¿cómo vive esa proximidad con sus seguidores?
-No hay nada tan gratificante como establecer un diálogo con una persona que, aún siendo desconocida, en seguida sientes como cercana a través de lo que te expresa, sus opiniones o su reconocimiento acerca de una de tus novelas, de tus tramas, de tus artículos o de tus versos. Tanto da; cuando esa conexión se pone en marcha, uno se siente reconfortado. Esos eventos son oportunidades para conocer las reacciones que tu obra puede despertar, excusas perfectas para sentirte escritor y disfrutar de la conversación de tus lectores. También una oportunidad para conocer y disfrutar de la compañía de autores con los que ahora puedes compartir experiencias y buenos ratos desde el otro lado, desde el lado de los creadores. Para mí, todo esto no solo ha sido una aventura literaria extraordinaria sino que ha sido una experiencia vital maravillosa.
-¿Nos puede adelantar un poco la temática del libro que nos va a presentar Pensamiento, palabra y poesía?
-Yo sé que hablar de poesía de un modo tan general es adentrarse en un territorio de lo más resbaladizo y donde hay demasiadas cosas que exponer pero intentaré hacerlo con honestidad y de una manera didáctica, mezclando un poco lo que ha sido la historia de la poesía, y haciendo un recorrido por diversos autores, desde Lope de Sosa a Góngora y otros más contemporáneos, con una visión más personal, a través de mis versos y de cómo afronto todo el proceso creativo. Intentaré mostrar alguna de las maneras con las que me enfrento al papel en blanco, en resumidas cuentas intentar explicar como inspiración y trabajo se aúnan para crear el poema.